Para entonces, la larga relación con MZ había llegado a su fin. En 1967, la empresa adoptó oficialmente el nombre Italjet, marcando una nueva era de identidad y ambición. Alrededor del mismo período, Gianni Cinelli se unió a la empresa. Un colaborador talentoso y de confianza, se hizo responsable de la gestión técnica en toda la organización: el departamento experimental, las actividades de competición y el soporte técnico necesario para las numerosas marcas que la empresa importó a lo largo de los años.
Sin embargo, la imaginación de Tartarini nunca se detuvo. En 1968 Italjet presentó su primer ciclomotor plegable, el Kit-Kat, dirigido a un nicho de mercado muy específico: ciclistas que necesitaban un vehículo secundario para complementar otro medio de transporte. La Kit-Kat era extremadamente compacta, equipada con diminutas ruedas de 5 pulgadas y diseñada para que su manillar y sillín se plegaran perfectamente en una bolsa de transporte a medida. Podía guardarse en el maletero de un coche, dentro de una autocaravana, llevarse a bordo de un barco o incluso transportarse en tren.
Que Tartarini haya inventado o no este tipo de vehículo no es lo fundamental. Lo que importa es que fue el primero en Italia en convertir el concepto en un verdadero producto industrial y hacerlo accesible a un público amplio.
Ese mismo año demostró el extraordinario alcance de Italjet. Junto con el pequeño Kit-Kat, la compañía también lanzó el Grifon Superbike, impulsada por el mismo motor Triumph 650 utilizado en la legendaria Bonneville.
La originalidad del Grifon provenía de la flexibilidad de Italjet. A diferencia de los grandes fabricantes, ofrecía un enfoque personalizado, creando máquinas con motores británicos, componentes italianos y chasis a medida que podían adaptarse a las necesidades específicas de cada cliente.